Parte I
Lamentablemente no era lo suficientemente inteligente como para saber cuándo parar. Una vez que sus ojos la poseían –porque no había forma lógica de describir el poder que tenía esa mirada sobre Malena- ya todo parecía no tener vuelta atrás. Una vez que esos ojos bosque captaban su atención, nada bastaba, todo había sido en vano y ya era demasiado tarde.
“No debería ser legal, bien que lo sabés, Cruz.” ahora, ya tratando de pasarle comunicación vía pensamiento: porque siempre se puede estar un poco menos cuerda. Por más respuestas enojadas, ofendidas y groseras que pudiera tener a cambio, él no paraba, y nunca lo iba a hacer. Estaba en su naturaleza ser letal, y parecía que su veneno sólo ejercía ese tipo de fuerza en Malena.
Nadie en realidad entendía por qué alguien como ella iría a involucrarse así con un tipo como ese. Todos sentían lástima por ella y a él le tenían una especie de odio bastante bien justificado. De todas maneras, por más causas por las que no seguir que le puedan haber puesto sobre el camino a Malena, nunca, nunca iban a tener el efecto necesario las veces que lo veía.
Tirita. Tiembla. Se le agudiza la voz y se le seca toda la boca. Tiene malestar en la panza: las mariposas nunca podrían haber sido más molestas. Qué truquín para pintar el mundo de los enamorados de rosa, la agradable sensación en la panza reducida a insectos NO TENÍA FORMA de ser más incómoda con ella. No puede parar de sonreír y va al baño en 10 minutos más de lo que fue en todo el día; se acomoda el pelo, se cepilla los dientes una y otra y otra vez.
Entonces, con tantas cosas revoloteando en su cabeza, ¿cómo iba a ser capaz de siquiera considerar las contras que todo el mundo le venía advirtiendo de esa relación, si siquiera se la podía llamar así? No tenían chance, y eso que aún ni siquiera le había visto la cara. Si así era la previa, imagínense el durante. Un huracán.
La posesión de esos ojos bosque con los de Malena, su perdición. El encadenamiento que tenía hacia él y su evidente falta de preocupación, al menos ni comparable con la de ella, su tortura. Su esencia en sí, la manera de tomarse todo a la ligera y de seguir a sus ideales, la independencia, la decisión… su debilidad. Cruz era para Malena lo que vendría a ser un rayo eléctrico para el cielo nocturno. Rápido, efectivo, atormentadoramente hermoso, y por sobre todas las cosas, si ejercía su poder en el lugar equivocado, letal. Sumamente letal.
“No debería ser legal, bien que lo sabés, Cruz.” ahora, ya tratando de pasarle comunicación vía pensamiento: porque siempre se puede estar un poco menos cuerda. Por más respuestas enojadas, ofendidas y groseras que pudiera tener a cambio, él no paraba, y nunca lo iba a hacer. Estaba en su naturaleza ser letal, y parecía que su veneno sólo ejercía ese tipo de fuerza en Malena.
Nadie en realidad entendía por qué alguien como ella iría a involucrarse así con un tipo como ese. Todos sentían lástima por ella y a él le tenían una especie de odio bastante bien justificado. De todas maneras, por más causas por las que no seguir que le puedan haber puesto sobre el camino a Malena, nunca, nunca iban a tener el efecto necesario las veces que lo veía.
Tirita. Tiembla. Se le agudiza la voz y se le seca toda la boca. Tiene malestar en la panza: las mariposas nunca podrían haber sido más molestas. Qué truquín para pintar el mundo de los enamorados de rosa, la agradable sensación en la panza reducida a insectos NO TENÍA FORMA de ser más incómoda con ella. No puede parar de sonreír y va al baño en 10 minutos más de lo que fue en todo el día; se acomoda el pelo, se cepilla los dientes una y otra y otra vez.
Entonces, con tantas cosas revoloteando en su cabeza, ¿cómo iba a ser capaz de siquiera considerar las contras que todo el mundo le venía advirtiendo de esa relación, si siquiera se la podía llamar así? No tenían chance, y eso que aún ni siquiera le había visto la cara. Si así era la previa, imagínense el durante. Un huracán.
La posesión de esos ojos bosque con los de Malena, su perdición. El encadenamiento que tenía hacia él y su evidente falta de preocupación, al menos ni comparable con la de ella, su tortura. Su esencia en sí, la manera de tomarse todo a la ligera y de seguir a sus ideales, la independencia, la decisión… su debilidad. Cruz era para Malena lo que vendría a ser un rayo eléctrico para el cielo nocturno. Rápido, efectivo, atormentadoramente hermoso, y por sobre todas las cosas, si ejercía su poder en el lugar equivocado, letal. Sumamente letal.
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