No había remedio, no había razón. Las noches de insomnio violentas la querían matar y casi indudablemente, siempre triunfaban. La dejaban hecha pedazos, para que el cielo de la otra mañana no cumpla su efecto renovador. Nunca era un nuevo día ni una nueva página. Era una hoja sin fin. Rutinaria. Repetitiva.
Corazón
Qué duro cuando te chocás con la pared de la vulnerabilización. Titubeás, te mareás. Puteás al que pase cerca, nomás porque tuvo la mala suerte de pasar, de engancharte en esta cosa horrible que estás por hacer. Te mirás para adentro, casi comprobando que nada bueno va a salir de ahí, que esto no es una buena idea, no Sofia, qué carajo estás por hacer, contame quién te va a querer cuando muestres eso. No Sofia, ocultalo, guardalo ahí bien en el fondo donde lo tenías, que ahí estaba oscuro y calentito, y sobretodo fuera de los ojos de la gente, fuera del qué dirán. Basta Sofia, no te das cuenta que te estás arriesgando, que eso que estás sacando a la luz te lo pueden destrozar en una milésima de segundo, que basta una mala mirada, un gesto, un abrazo que no te dieron... y pum, ya está. Sofia, te digo que no, cortala con eso nena que nada nunca terminó bien para vos haciendolo, cortala que te vas a golpear y ahí te quiero ver, BASTA, NO. Y chiquita y fea y mala y dura, te sac...
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