Cicatriz

Por la edad de tu dolor, por el brillo opaco de tus ojos; yo te veo, te siento más que ninguno en este salón o, incluso y con cierta soberbia me animo a decir, en este mundo lleno de universos infinitos. Y que no valga la redundancia.

La manera de cuidar cada movimiento, de ser suave hasta cuando respirás, de silenciar cualquiera sea aquel pensamiento que brote de tu mente algo turbio o desubicado, o fuera de la ley, o inmoral, o débil.

Porque sos solcito entibiando mi invierno y nariz roja de madrugada. Porque a cada paso, cada palabra dicha o callada que sale de tu boca, cada gesto exagerado, me acoplo más a vos y te hacés mi cómplice y mi guardiana, y a veces hasta mi tirana pero lo acepto, te lo acepto por vos, por tu brillo opaco y tu suavidad de alma.

-No dejes que me aburra- me dijiste la primavera de aquel año desastroso. Y me marcó el alma como un cuchillazo, un planchazo en el medio de la cara. Uno se acostumbra, pero la cicatriz siempre está como gritando “prohibido olvidar” y ¿quién puede así? Pero tenés cintura para estas cosas y te moviste con el viento como una bolsa olvidada en la playa, una playa muy huracanada. Y esquivaste mi ardor porque no supe merecerte.

Ojalá tuviese memoria selectiva. Puedo jurar que no hay nada más denso que estar en mi cabeza TODO EL DÍA. Y adonde vaya, siempre voy a llevarme.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Corazón

Símbolo

Dejando de ser