Recital
La emoción en el aire casi se podía palpar con las propias manos. En el estadio se sentía una energía impresionante, como si diez mil almas furiosas, desesperadas, frenéticas y deseosas de libertad se hayan concentrado en un solo lugar. Depende de mí y se me escapa un suspiro contrariado: mezcla de alivio y presión.
-O soy yo, o hasta las respiraciones se escuchan- me dijo una chica a mi izquierda, con los ojos iluminados.
-Tal cual. Parece que todo lo anterior hubiese estado en mute y ahora aumentaron el volumen al 100.
Y era verdad. Y no éramos nosotras, porque por las miradas cómplices de la muchachada biónica, estábamos todos iguales.
Las luces frontales iluminaron el estadio. Aparece el bastardo y su secta, desnudándose sin sacarse la ropa, siendo verdaderamente transparentes ante los que más lo entendían.
Para el resto no me alcanza ni el corazón ni el diccionario. Lo que sentí cuando escuché los primeros acordes de Lunita de Tucumán no me lo va a sacar nada ni nadie.
Fue todo lo que me hacía falta.
Miré sorprendentemente calma hacia el escenario donde pronto estaría Tan Biónica, brindándonos lo que aparentemente todos estábamos necesitando; ese dote de locura y rechazo adictivo a Buenos Aires, esa libertad enfermiza que no terminaba de concretarse.
Me daba paz. Sabíamos de nuestro estado frenético pero todo lo que me rodeaba eran caras llenas de infinita tranquilidad, como si todo ya hubiese estado dicho. No había nada determinado, en realidad, pero el plan ya parecía haber sido trazado.
-O soy yo, o hasta las respiraciones se escuchan- me dijo una chica a mi izquierda, con los ojos iluminados.
-Tal cual. Parece que todo lo anterior hubiese estado en mute y ahora aumentaron el volumen al 100.
Y era verdad. Y no éramos nosotras, porque por las miradas cómplices de la muchachada biónica, estábamos todos iguales.
Las luces frontales iluminaron el estadio. Aparece el bastardo y su secta, desnudándose sin sacarse la ropa, siendo verdaderamente transparentes ante los que más lo entendían.
Para el resto no me alcanza ni el corazón ni el diccionario. Lo que sentí cuando escuché los primeros acordes de Lunita de Tucumán no me lo va a sacar nada ni nadie.
Fue todo lo que me hacía falta.
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