Arde

Y por acá todo sigue igual.
El mundo gira y el verano se va.
Las horas pasan, implacables.
Y el tiempo me quema.

Arde tu voz, resonando lejana en mi cabeza. Arden tus cosas y lo que las quisiste. Arde tu departamento y todo lo que le pusiste adentro.
Arde tu mirada consumiéndose en lo luminoso de mi memoria, ahí donde nada se mueve, donde cada recuerdo es mi más preciado tesoro.
Arden Tigre, los picnics, arden las horas de charla acerca de Pink Floyd, arden las mañanas de inusual buen humor al lado tuyo.

El tiempo está quemando todo, Pa, pero no termina de consumir nada.
Arde dolorosa e interminablemente.

Me arden los ojos, la piel, la cara, el cansancio, la rutina, la familia.
Me arde el pelo que acariciabas incansablemente y me arde el lunar que los dos teníamos en el mismo lugar.

Y me arde todo Pa, pero me arde de una manera tan horriblemente pasiva... Quema tan lento que (casi) no me doy cuenta, pero me miro en el espejo y ya no puedo negar el dolor que está escrito en mi cara, como un planchazo, una cicatriz hermosa.

Me arde extrañarte, y el fuego me va a consumir toda la vida: silencioso pero constante.

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