Bailabas

Hoy te vi.
Caminaba por avenida Córdoba, había pasado hace unos metros Malabia, y te vi.

Tenías un sweater marrón y un gorrito de lana. El pelo largo y la barba lo mismo. Acomodabas tu rinconcito bailando al compás de una música inexistente. Bailabas. E ibas a dormir en la calle, con 9 Cº.  Me diste gracia, me diste alegría, y, obviamente, mucho dolor.

Seguí caminando, como cobardemente hago siempre, con el corazón apretado. El viento helado de esta noche me congelaba la cara y a vos, mucho peor, te estaba congelando la cama.

Frené. Me odio tanto en estas situaciones. ¿Cómo te puedo ser indiferente, pasar por al lado tuyo como si no existieras? ¿Cómo puede ser que teniendo mi propio mundo de oportunidades, no convide un poco al que no conoce de ellas?

"Vos por timidez, por un vicio estúpido, le estás privando un par de alfajores al que de verdad tiene hambre, Sofia. Cortala de una vez" traté de retarme, deseando con todo mi corazón que eso haga que me anime.

Me dije que si el próximo kiosco estaba abierto te compraba algo. Había cerrado. Seguí caminando.

Frené. Miré para atrás buscándote. Seguías bailando al ritmo de tu propia música interna.
Me cansé de ser lo que odio en estas situaciones. Me cansé de sentir vergüenza.

Di media vuelta, y compré muy poco. Muy poco, porque tenía miedos estúpidos y prejuiciosos. "¿Y si le compro mucho y se ofende?" "¿Y si me pega?"

Fui a darte lo que era tuyo, el corazón me latía fuerte de los nervios.

-Hola. -te dije, y me miraste sorprendido. Me dolió tu sorpresa. Como si fuese el primer hola que recibías en mucho tiempo.- Te traje esto.
-¿Cómo? ¿Y para vos?
Mirá lo que me preguntaste. Venía vestida con una campera que tenía cuero, una jansport en la espalda. Vos acomodabas tus mil mantas para resguardarte un poco del frío que te espera esta noche.
Y te preocupó que yo tuviese hambre. Que yo no tenga nada para comer.
-No, gracias, yo estoy yendo a cenar. Te traje esto para vos.
-Ah, bueno. Que Dios te bendiga. Gracias.- me mirabas. Sentía que me ponía roja.
-No es nada, de verdad.- casi me doy media vuelta como IDIOTA que soy, pero sos más sabio que yo y me diste el abrazo que sabías que necesitaba.

Fue, y no quiero caer en el cliché pero es lamentablemente lo que siento, uno de los abrazos más puros que me dieron en mi vida.

El alfajor, las papas y el agua no fueron nada comparados al amor que me diste en ese abrazo. Te merecías mucho más, pero soy cobarde y hasta ahí pude.

Te escribo esperando que algún día puedas leerme, que nos volvamos buenos amigos y que vengan tiempos mejores para vos.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Corazón

Símbolo

Dejando de ser