Parámetro

Maira penetró la mirada de Pablo, abriendo, desgarrando, despedazándolo.
Terremotos. Huracanes. Fuego nocturno.

Pablo respiró profundo, casi rogando poder disimular lo mucho que le quemaba. Era un juego, todo era un juego; y tampoco había otro consuelo así que se iba a tener que conformar.
No duele si es de fantasía. No duele si es una exageración de la verdad.

Lo miró. Rozándose. Tocándolo.
Pinchazitos en la ampolla.
Maira no era nada más que un juego. Ping pong. Tic tac. Lúdica. Infantil. Sin llegar a nada con sus palabras.
Se pasa el cuchillo por los labios. Los finos, filosos, fatales serruchos iban formando pliegues en la piel rosácea y castigada.

Pablo vuelve a inspirar. El ritual cansa a Maira.
Ese no era el trato: "sacame de la rutina", le había dicho.
Ese no era el trato, Pablo había roto su promesa pero sin embargo gustaba; gustaba porque salía de lo habitual, gustaba porque de cualquier manera posible hubiese gustado, cumplía no cumpliendo y sabía, hacía un desparramo de abstracciones.

Y los pliegues se volvían color borgoña. Sangre.
El cuchillo trazaba siluetas preciosas pero violentas. Su ritmo hechizaba a cualquiera, y así era Maira, así bailaban.
Una danza alucinante. Movimientos tétricos y bruscos.

De repente, paró.
Maira sonríe con el gesto menos feliz que se vio en la historia y los dientes pincelados de rojo.

Los parámetros los establece un inconsciente que nunca fue juzgado, y por eso está bien que así sea.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Corazón

Símbolo

Dejando de ser