Ya no

Creo que me estoy enfermando.
No es metafórico. O capaz sí.
Se me están rompiendo los pensamientos en mil pedazos.
Me voy desmoronando de a poco. Construyo y a los 5 segundos toco la puerta con la bola de demolición en mi mano. Noc noc, ¿creíste poder estar mejor? Ja.

Mis pensamientos no concuerdan, se contradicen, libran una batalla a sangre fría y mi cabeza es un cementerio.
Cuerpos muertos. Ideas revoloteando desorientadas y sin sentido. Una mente que se va volviendo cada vez más nula, que no deja espacio para nada pero mantiene las puertas abiertas para todo.

Hay sonrisas igual, y hay tardes cotidianas y hay rutina y eso es lo peor de todo: el mundo sigue girando, impoluto, cruel.
Yo me caigo, pero el mundo gira, y el tiempo corre, e igual tengo que sonreír, como si no estuviera lo suficientemente destruida, como si todavía fuese valiente como para plantarme.

Y me da miedo, no quiero seguir, quiero caerme, irme, enfermarme de una vez por todas, salir de esta rutina que no se da cuenta que no soy normal, que mi cabeza no está funcionando bien, que mi mente se está volviendo nula.

Porque si sigo significa que todavía soporto dolor y ya no lo soporto más. Significa que todavía puedo pelear pero mis brazos no tienen más fuerza. Significa que me banco escuchar los problemas de los demás, o una conversación, o lo que sea, pero ya no quiero escuchar nada.
Significa que todavía tengo coherencia para expresarme, escribir y que se entienda lo que me pasa...
Y claramente ya no la tengo.

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