Algo, nada
Siento algo muy inmenso adentro
Algo tan masivo, tan enorme, que me hace escribir (algo, nada) en el auto, desprolija y sin ver una palabra de lo que estoy trazando en el cuaderno.
No sé.
Es fácil decirlo pero realmente no sé.
Lo inconcebible de lo absurdo de la grandeza. Los actos cotidianos que te llenan de infinitos.
Las felicidades de un segundo que después se recuerdan con el fervoroso dolor de querer volver.
La procrastinación. La maldita costumbre. Los peores vicios son las malas actitudes, escuché en una canción. Y es así.
Porque las oraciones de medio minuto pueden durar tres siglos de arrepentimiento. La canción que suena en la radio, despreocupada, puede herirte de nostalgia meses.
Y la sonrisa contagiosa que afecta y enferma a todos de risa, como un puñal para la soledad de después.
Todo se está reduciendo a extrañar al ayer: no. Me refiero a lo eterno.
Como un tatuaje. Si, fue de otro tiempo. Quizá impulsivo, quizá contemporáneo; pero lo tenés, está ahí, y tenés la certeza de que siempre lo estará. Y es camaleónico porque fue cambiando de significado cada vez que te preguntaron por qué te lo habías hecho, pero está fijado, y va a estar ahí digas lo que digas, cuentes la anécdota que cuentes.
Inmenso, pero tan insignificante.
Las luces nocturnas. El mar en invierno. La canción a la que le subís el volumen. Los ojos que se iluminan. Las pasiones. La vida.
Insignificante
Somos inmensos.
Algo tan masivo, tan enorme, que me hace escribir (algo, nada) en el auto, desprolija y sin ver una palabra de lo que estoy trazando en el cuaderno.
No sé.
Es fácil decirlo pero realmente no sé.
Lo inconcebible de lo absurdo de la grandeza. Los actos cotidianos que te llenan de infinitos.
Las felicidades de un segundo que después se recuerdan con el fervoroso dolor de querer volver.
La procrastinación. La maldita costumbre. Los peores vicios son las malas actitudes, escuché en una canción. Y es así.
Porque las oraciones de medio minuto pueden durar tres siglos de arrepentimiento. La canción que suena en la radio, despreocupada, puede herirte de nostalgia meses.
Y la sonrisa contagiosa que afecta y enferma a todos de risa, como un puñal para la soledad de después.
Todo se está reduciendo a extrañar al ayer: no. Me refiero a lo eterno.
Como un tatuaje. Si, fue de otro tiempo. Quizá impulsivo, quizá contemporáneo; pero lo tenés, está ahí, y tenés la certeza de que siempre lo estará. Y es camaleónico porque fue cambiando de significado cada vez que te preguntaron por qué te lo habías hecho, pero está fijado, y va a estar ahí digas lo que digas, cuentes la anécdota que cuentes.
Inmenso, pero tan insignificante.
Las luces nocturnas. El mar en invierno. La canción a la que le subís el volumen. Los ojos que se iluminan. Las pasiones. La vida.
Insignificante
Somos inmensos.
Comentarios
Publicar un comentario