Trágico
Le brillaron los ojos de rabia. Llanto de bronca, bronca de llanto: esas feas combinaciones que, lamentablemente, son menester si sos un ser humano y tenés algo (pequeño detalle) que se llama alma.
No le creía. No le creía y casi escuchaba como se iban haciendo pedazos sus restos de confianza. Qué roto, qué demacrado estaba su mirar. Qué angustia se olía en sus susurros pidiendo ayuda.
-Escuchame, si yo no puedo ni aunque quiera...
Él ya sabía. Justamente, por eso. A Malena se le habían abierto las compuertas del corazón tan vertiginosamente rápido... Confiadas en esa mirada profunda, en esa belleza de movimientos, en la manera de manejarse, de desenvolverse en la rutina haciendo que nada parezca latoso ni usual, ni sucio o aburrido, ni desesperante.
Pero porque sabía, él sabía y eso fue lo que la mató. Los mató. Usó su saber como quiso (¡Cruel! ¡Fuiste cruel, Benjamín!) y manejó como dos hilitos rompibles, frágiles, insignificantes las cuerdas de su vida. Saber es poder y a Benjamín se le fue a la cabeza. Lo trastornó. Lo defiguró. Le hizo las manos largas, huesudas, estrategas, calculadoras para lo malo. Todo lo malo. Y la terminó deformando a ella. Seres bélicos. No sintieron el calor, ni vieron el morir. Fue muy grande la cruz. Muuuuy, muy chico el honor.
Y Malena entendió todo. Entendió que nunca más.
Y un millón de "nunca más" están ahí revoloteando. Eso es lo trágico. La ciudad, el mundo entero del romanticismo se funde en desconfianza, se nutre de histeria, se bebe los celos con pajita por los "nunca más" repetidos de todas las Malenas del mundo que se entregaron.
Olvidamos que amar es entregar. También, desesperados por no olvidarlo, olvidamos que hay tiempo, tiempo para todo. Tic tac. No sabe de horas ni de meses ni de años, simplemente sabe. Tic tac, tic tac. Repiquetea. Se va a hacer escuchar.
Que ningún "nunca más" los frene cuando lo sienten. Porque ahí se volvieron un prematuro Benjamín. Saben. Tienen el mundo en las palmas sudorosas de sus manos. Desde ahí, pueden elegir a gusto y piaccere.
¿Vamos a darle de tomar desamor al pedazito de tierra que nos apropiamos? ¿Seremos el "nunca más"? ¿Sabremos que no se trata de un "te amo" hecho palabritas de cristal, pero que al mismo tiempo todo, todo gira alrededor de eso?
Ojalá sepamos elegir bien.
No le creía. No le creía y casi escuchaba como se iban haciendo pedazos sus restos de confianza. Qué roto, qué demacrado estaba su mirar. Qué angustia se olía en sus susurros pidiendo ayuda.
-Escuchame, si yo no puedo ni aunque quiera...
Él ya sabía. Justamente, por eso. A Malena se le habían abierto las compuertas del corazón tan vertiginosamente rápido... Confiadas en esa mirada profunda, en esa belleza de movimientos, en la manera de manejarse, de desenvolverse en la rutina haciendo que nada parezca latoso ni usual, ni sucio o aburrido, ni desesperante.
Pero porque sabía, él sabía y eso fue lo que la mató. Los mató. Usó su saber como quiso (¡Cruel! ¡Fuiste cruel, Benjamín!) y manejó como dos hilitos rompibles, frágiles, insignificantes las cuerdas de su vida. Saber es poder y a Benjamín se le fue a la cabeza. Lo trastornó. Lo defiguró. Le hizo las manos largas, huesudas, estrategas, calculadoras para lo malo. Todo lo malo. Y la terminó deformando a ella. Seres bélicos. No sintieron el calor, ni vieron el morir. Fue muy grande la cruz. Muuuuy, muy chico el honor.
Y Malena entendió todo. Entendió que nunca más.
Y un millón de "nunca más" están ahí revoloteando. Eso es lo trágico. La ciudad, el mundo entero del romanticismo se funde en desconfianza, se nutre de histeria, se bebe los celos con pajita por los "nunca más" repetidos de todas las Malenas del mundo que se entregaron.
Olvidamos que amar es entregar. También, desesperados por no olvidarlo, olvidamos que hay tiempo, tiempo para todo. Tic tac. No sabe de horas ni de meses ni de años, simplemente sabe. Tic tac, tic tac. Repiquetea. Se va a hacer escuchar.
Que ningún "nunca más" los frene cuando lo sienten. Porque ahí se volvieron un prematuro Benjamín. Saben. Tienen el mundo en las palmas sudorosas de sus manos. Desde ahí, pueden elegir a gusto y piaccere.
¿Vamos a darle de tomar desamor al pedazito de tierra que nos apropiamos? ¿Seremos el "nunca más"? ¿Sabremos que no se trata de un "te amo" hecho palabritas de cristal, pero que al mismo tiempo todo, todo gira alrededor de eso?
Ojalá sepamos elegir bien.
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