Y la distancia
Edificios de luces titilantes reflejados en ojos café
amargo. Ojos café de la mañana, del que te calienta por adentro cuando tenés frío
hasta en el alma.
Guantes con peluchito y distancia, cuánta distancia. Qué hermosos paisajes. Qué duro lo que generaban.
Narizitas rojas.
Y siempre esas malditas horas que los separaban.
La distancia existe estando a 3 milímetros del otro. Es la más poderosa, claro. La que genera el vacío más grande. El miedo, la angustia. La indecisión. “Volá o quedate, pero no fabriques estos kilómetros de paisajes hermosos. Nos separan. Nos separás.”
Y se queda mirando. Su piel transparente. Sus pecas prominentes. Sus pestañas ponderosas. Su boca infinita. Su alma que se reflejaba en cada poro. Y dolía, claro que dolía, sin embargo…
Guantes con peluchito y distancia, cuánta distancia. Qué hermosos paisajes. Qué duro lo que generaban.
Kilómetros de distancia.
Gente en revolución. Siempre moviéndose. Siempre única. Cada
mirada, cada gesto, cada ceño fruncido. Los pasos apurados y los…no tanto.
Las madres subiéndole el cierre a las camperas de sus nenes.
Sirviéndoles el desayuno. Manos alrededor de la taza, cerca de la calefacción,
adentro de los bolsillos apretadas.Narizitas rojas.
Y la distancia.
Extrañaba a los ojos café. Más que extrañar. Necesitaba. Más
que necesitar. Ni siquiera más, sólo que diferente. ¿Será posible, che?
El perfume que dejaba su asiento vacío. Las lunas eternas de
las que se acordaba más de lo que cualquier persona promedio. Y a veces hablaba
sólo. A veces la música lo acompañaba. Puñaladas al corazón de puro
sentimiento, pura verdad, identificación. Catarsis en cada acorde. Y siempre esas malditas horas que los separaban.
Sigue tratando, no se crean. Mira fijo a cada estrella que
se le pasa. Se pregunta, se rectifca. Se vuelve a preguntar. Trata de darse
cuenta de los detalles que estamos acostumbrados a dar por hechos.
Y así la vida se le hace más compleja. Vale tanto la pena.
Ese no sé qué en el pecho de que nadie más que él pueda tener esa costumbre.
La distancia…
Mira para el costado y claro que la ve. Como todos los
viernes a las 11.
Sí, todos. De todas las semanas. No, no es una ilusión. La distancia existe estando a 3 milímetros del otro. Es la más poderosa, claro. La que genera el vacío más grande. El miedo, la angustia. La indecisión. “Volá o quedate, pero no fabriques estos kilómetros de paisajes hermosos. Nos separan. Nos separás.”
Y se queda mirando. Su piel transparente. Sus pecas prominentes. Sus pestañas ponderosas. Su boca infinita. Su alma que se reflejaba en cada poro. Y dolía, claro que dolía, sin embargo…
“Quiero ver las luces titilantes reflejadas en tus ojos café
mañana para siempre, pero nunca más. Perdoná mi bipolaridad.”
“Entre ser, tenerte, estar y la distancia me partiste al
medio. Y no supe querer más.”
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