Nicolás y Marilú
Nicolás se hundió, repentina y encantadoramente resignado, en las olas de mar azul que le brindó la sonrisa de Marilú.
Un mundo de arena escurridiza y caliente, viento costero (¡sabia brisita nostálgica...!) y ese océano, esas olas. Un mar profundo y diverso, misterioso pero tan cercano que lo dejaba mudo del amor. Ay Marilú, ¡cómo le va a costar salir de tu océano! No es justo, mujer, no lo es y lo sabés.
Y las gaviotas revolotean en el cielo naranja, los perros te chapotean encima. Marilú, ¡soltalo te digo! Soltalo que no va a salir más y no es justo. Mirá, mirá como se le iluminan los ojos con tus luces nocturnas. ¡Miralo! Mirá como se bambolea al son de tus olas, como sigue tus ojos cielo con la mirada.
-¿Qué te debo, Lucía? María Lucía. Marilú, pero devuelta tu nombre no que me hundo y quiero, pero no puedo. No, simplemente no. ¿Qué te debo? Decime.
- No me metas en las entrañas tu tono materialístico che.
-Ya sabés que de eso no hablo.
-Pero así suena, lo importante es el sonido, la impresión; das a saber cualquier cosa, Nicolás...
-Yo a vos no te doy a saber nada, vos sabés todo. Sabés ya, y no es justo.
-Porque vos quisiste.
-Porque sabés. Podés, querés y sabés, y aunque yo no lo quiera, vos conocés igual.
-¿Conocer? Conocer es otra cosa.
-En la que también estás involucrada.
-Es otra cosa, Nicolás.
-Es lo mismo, Marilú. No podés hablar de heterogeneidades. Vos sos toda mar.
-Vos porque sos ojos bosque. Soy uniforme, Nicolás, que es distinto. Y "conocer" es saberme, o por lo menos saber eso, ¿no te parece?
-No.
-No te hagas el ácido.
-No me hago.
-No sos.
-No me sabés.
-¿Conmigo nomás?
-Vos sos la excepción a todo.
-...
-No es una pregunta válida.
-Claro que sí.
-Tiene una respuesta muy obvia.
Vio irse, siempre ondeando, siempre flotando, la figura de Marilú. Lanzó un suspirito seguido de un refunfuño: un quejo añiñado, una crítica contra lo débil de su interior.
Maldito vos, Nicolás. Vos y tus estúpidas maneras de amar.
Dedos tamborileando sobre la mesa. Suspiritos. Refunfuños, quejos añiñados, críticas. Maldiciones. Y todo devuelta.
¿Qué iba a hacer? ¿Qué? Si Marilú quería a esos ojos oscuridad. Las charlas tampoco le servían. Ácido me dijo, me dijo que soy ácido. Seducción nunca, Nicolás. ¿Qué se supone que significa? Ácido me dijo. Bah, me dije. Ella lo negó, pero me dijo también. Cómplice de mi autoestima baja, como siempre. En un susurro, fue grito. Grito susurrado. ¿Existirá eso? Marilú es toda conceptos nuevos y no tengo el diccionario.
No lo tiene. ¿Dónde se adquiere? ¿Se pierde, se gana? ¿Se compra? No Nicolás, no. "No me metas tu tono materialístico", te dijo, mirá si se va a comprar.
Un mundo de arena escurridiza y caliente, viento costero (¡sabia brisita nostálgica...!) y ese océano, esas olas. Un mar profundo y diverso, misterioso pero tan cercano que lo dejaba mudo del amor. Ay Marilú, ¡cómo le va a costar salir de tu océano! No es justo, mujer, no lo es y lo sabés.
Y las gaviotas revolotean en el cielo naranja, los perros te chapotean encima. Marilú, ¡soltalo te digo! Soltalo que no va a salir más y no es justo. Mirá, mirá como se le iluminan los ojos con tus luces nocturnas. ¡Miralo! Mirá como se bambolea al son de tus olas, como sigue tus ojos cielo con la mirada.
-¿Qué te debo, Lucía? María Lucía. Marilú, pero devuelta tu nombre no que me hundo y quiero, pero no puedo. No, simplemente no. ¿Qué te debo? Decime.
- No me metas en las entrañas tu tono materialístico che.
-Ya sabés que de eso no hablo.
-Pero así suena, lo importante es el sonido, la impresión; das a saber cualquier cosa, Nicolás...
-Yo a vos no te doy a saber nada, vos sabés todo. Sabés ya, y no es justo.
-Porque vos quisiste.
-Porque sabés. Podés, querés y sabés, y aunque yo no lo quiera, vos conocés igual.
-¿Conocer? Conocer es otra cosa.
-En la que también estás involucrada.
-Es otra cosa, Nicolás.
-Es lo mismo, Marilú. No podés hablar de heterogeneidades. Vos sos toda mar.
-Vos porque sos ojos bosque. Soy uniforme, Nicolás, que es distinto. Y "conocer" es saberme, o por lo menos saber eso, ¿no te parece?
-No.
-No te hagas el ácido.
-No me hago.
-No sos.
-No me sabés.
-¿Conmigo nomás?
-Vos sos la excepción a todo.
-...
-No es una pregunta válida.
-Claro que sí.
-Tiene una respuesta muy obvia.
Vio irse, siempre ondeando, siempre flotando, la figura de Marilú. Lanzó un suspirito seguido de un refunfuño: un quejo añiñado, una crítica contra lo débil de su interior.
Maldito vos, Nicolás. Vos y tus estúpidas maneras de amar.
Dedos tamborileando sobre la mesa. Suspiritos. Refunfuños, quejos añiñados, críticas. Maldiciones. Y todo devuelta.
¿Qué iba a hacer? ¿Qué? Si Marilú quería a esos ojos oscuridad. Las charlas tampoco le servían. Ácido me dijo, me dijo que soy ácido. Seducción nunca, Nicolás. ¿Qué se supone que significa? Ácido me dijo. Bah, me dije. Ella lo negó, pero me dijo también. Cómplice de mi autoestima baja, como siempre. En un susurro, fue grito. Grito susurrado. ¿Existirá eso? Marilú es toda conceptos nuevos y no tengo el diccionario.
No lo tiene. ¿Dónde se adquiere? ¿Se pierde, se gana? ¿Se compra? No Nicolás, no. "No me metas tu tono materialístico", te dijo, mirá si se va a comprar.

Comentarios
Publicar un comentario