Escribo por que me apasiona, escribo por que tengo que hacerlo. Escribo para liberarme y escribo para que me lean. Escribo para tener vergüenza y después arrepentirme, escribo para saciarme y después sentirme mal.


Las letras fluyen solas, vuelan hacia donde quieren. Toman su propio rumbo sin nadie que las controle. A veces consiguen su cauce, la mayoría no… Son letras amontonadas, sin sentido y sin dirección. Van para su destino, seguras y prolijas. Luego se pierden un poco y tratan de pedir perdón. Pero así es muy fácil ser escritor, autor o guionista. Es que la escritura es alma, mucha alma y dedicación. Es sentarse en la silla sin sentir el dolor; ese tan conocido, en la espalda y un poco en el corazón. Ese que nadie entiende y del que nosotros nos alejamos, ese que nos hace diferentes, extraños y poco humanos.


Y cuando es basta, es basta. No hay otra opción, por mucho que quieras o por armada que este la pieza, cuando los dedos no reaccionan, no funciona el corazón. Luego la cosa se empieza a poner comercial. Es duro, no hay duda, pero no hay nada que hacer. Querés mostrarle a todo el mundo y así nunca fue: por que era tuyo, o de tu alma tal vez. Es más, a veces esa parte social te demanda, te obstruye y te retiene, sacándote lo mejor y brindándoselo a lo peor.


Devuelta, nada que puedas hacer, nada para darte una mano, por que hasta tus pensamientos los pensás, sólo por que estás escuchando: escuchando lo que opinan, escuchando si está bien. Si es correcto y prolijo, o si sólo encaja en el cien. Ese en el que te querés convertir, y donde siempre te falta algo, por que cuando tuviste un cero; mil después no alcanzan. Por que nunca es suficiente, por que nunca sos feliz: por que la raíz de tu sonrisa es pura superficialidad, que se va con los años, con la niebla, con la bruma. Dejando apenas un perfume de lo que fuiste y aunque no quieras serás. Esa parte no apta para todo público florece en un rincón, y tenés que aceptar en tu corazón que un día la dejarás salir. Para liberarte vos, para que al menos tengas un sentimiento sincero, salido del propio agujero que formo esta sociedad.


Vos sabés que tiene la culpa, sabés que esta mal. La pregunta y la gran pregunta es por qué la seguis creyendo. Por que la respetás, por qué la seguis construyendo: al fin y al cabo es la que esta destruyendo todo tu interior.Y así es muy fácil ser escritor, teniendo esto en el pecho. Sabiendo como confesarlo y poder ponerlo en palabras. Aunque nada se entienda, aunque nada les haya pasado: vos sabés de alguien que lo vivió.


P.D: No tengo el tupé de llamarme a mi misma ‘escritora’, aunque así lo hago en mis sueños mas locos, esos medio soberbios y egoístas. Aunque algo es esta adrenalina que me corre por una lapicera y un papel, estas ideas que me caen formando locas películas en mi mente, llamese imaginación, locura, como sea. A mí, personal y soberbiamente, me gusta llamarlo saber escribir.

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